La nueva televisión

January 24, 2017

Al margen de la libertad que nos dan los nuevos portales de contenido audiovisual (puedes ver lo que quieras, cuando y como quieras), uno de los factores que más inciden en el incremento de los perfiles menos jóvenes en estas plataformas es el de la ausencia de publicidad.

 

 

El “ametrallamiento publicitario”.

Este fenómeno a que nos vemos obligados a soportar (cada vez menos, todo sea dicho) provoca un rechazo tan sistemático que, bajo nuestro punto de vista debería ser analizado por los marketers de las compañías anunciantes para valorar si la “promesa” que suponen los GRP´S  (1) contratados se convierte en impactos reales.

 

 

 

 

 

 

 

Aviso a planificadores

Si con las actuales tecnologías alguien fuese capaz de situar al lado de la TV sensores que detectasen (ya no pedimos que interpreten) el movimiento de cuerpos en el momento en que una de las desesperantes baterías publicitarias entra en nuestro salón más de uno podría llevarse una sorpresa. O no. 

 

La lectura positiva de estas baterías de 4 a 7 minutos es que el televidente sabe de antemano cuanto tiempo tiene para ir al lavabo o hacer una llamada por teléfono. ¡Huy si los audiómetros detectasen!

 

 

Sí, sabemos que los patrones de medición publicitaria, los GRP´S, son una de las escasas herramientas a las que hay que creer, de momento, cual dogma de fe.

 

No pretendemos en este post analizar su eficacia, ni entrar a analizar si resultan más eficaces las inserciones mid-roll o pre-roll.

 

Nuestro objetivo es el de plantear una reflexión: el día en que las mentes matemáticas de los marketers se dediquen a analizar que los GRP´S son una verdad a medias, el día en que los sensores introduzcan la variable del neuromarketing, posiblemente sea muy tarde.

 

El hecho, como decíamos al inicio, es que la conjunción del ametrallamiento publicitario a que nos vemos sometidos con la aparición de una oferta generosa de carácter audiovisual (sin cortes y a la carta) está provocando una huida de la oferta televisiva convencional sin parangón. Y si a ello le unimos las actitudes de los millenials (y no tan millenials) por las nuevas ofertas, estamos ante la crónica de una muerte anunciada.

 

Sinceramente pensamos que los planners están practicando una huida hacia delante bajo la base de que “para lo que nos queda en el convento…” entendiendo convento como sistema actual de emisión televisiva. Es decir, han puesto en marcha la peor de las políticas: ajustar precios (con la excusa de la gran oferta de canales y medios) para vender más espacios prescindiendo de la no duplicidad de contenidos, en lugar de desarrollar fórmulas menos intrusivas, más digeribles, para que la publicidad cumpla con sus objetivos.

 

Hacia la nueva televisión

 

 

Un análisis apasionante que se está produciendo en la sede de las grandes cadenas (al menos eso deseamos tanto desde el punto de vista de televidente como de profesional publicitario) es el de cómo parar esta hemorragia hacia las nuevas plataformas.

 

Según el economista en el caso de Netflix, esta compañía sumó un total de 370.000 nuevos suscriptores en su país de origen, por lo que al cierre del tercer trimestre, la compañía de Reed Hastings contaba con un base de usuarios en EEUU de 47,5 millones de suscriptores. Mejor todavía le ha ido a nivel internacional, ya que la compañía ha captado un total de 3,2 millones de nuevos usuarios, y en total, fuera de las fronteras estadounidenses suma 39,25 millones de suscriptores.

 

Ciñéndonos a nuestro país, al fenómeno Netflix hemos de añadir HBO, Wuaki, Yomvi y la multitud de canales ofrecidos por las operadoras de telefonía que para más inri pueden verse en multitud de soportes y que nos sitúan en un nuevo escenario, eso sí, siempre previo pago.

 

Estamos ante un reto de enormes dimensiones que se une a la caída en picado de la prensa escrita. Un reto que nos lleva al siguiente análisis de Enrique Dans : “la industria necesitaba muchas horas en el diván del psicoanalista para entender qué diablos llevaba a tantos millones de usuarios en todos los países del mundo a llevar a cabo una acción consciente, en ocasiones compleja, con la única finalidad de dejar de ver anuncios, precisamente el producto que los allí presentes se dedicaban a producir. ¿Que hace que una cantidad tan elevada de personas huyan desesperadamente de toda una industria, a la que consideran un castigo y una persecución? ¿Por qué, mientras la industria se congratula por lo bonitas e imaginativas que son sus acciones y sus spots, hay una cantidad tan significativa de gente que los considera unos pesados inenarrables y busca maneras de quitárselos de encima?

 

Como dice Enrique Dans  quien mejor escuche a su audiencia, más lejos llegará. A la publicidad, y concretamente a la televisión convencional,  le toca reinventarse.

 

 

 

(1) GRP`S: Número total de impactos que generan una o varias inserciones publicitarias por cada 100 personas del público objetivo.

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